guilin está a 542 kilómetros de hong-kong. demasiados, en teoría, para que los protagonistas de esta foto sean nicole y p. demasiados para que esas dos personas que se encuentran de pie a orillas del río lijang sean los responsables de victor fly me to stafford. demasiados para que el hecho de que esa canción sonase en my reproductor justo en el momento en que fede pulsaba el click no fuese más que una casualidad.
pero tanto la información almacenada en el fichero de la fotografía como en el historial de reproducciones de mi ordenador así lo atestiguan. después de tres años sin ponérmela, el mismo día que se hacía esa foto yo recuperé el primer cd de my little airport y me fui directamente a su tercera canción, pocas horas antes de que el grupo, de gira por algunas ciudades de china, tuviera su cita precisamente en guilin.
y justo cuando ellos, haciendo tiempo antes de subirse al escenario, de paseo por la ciudad bordenado el río lijang, agachaban la cabeza y miraban el agua del río con federico a solo unos pocos metros, las notas de teclado que abren la canción, y que durante años fueron el tono de llamada de mi móvil, empezaban a sonar en mi salón.
hasta creo que llegué a escuchar el sonido del click, pero eso podría ser fruto de mi imaginación. recuerdo volver la cabeza y buscar a amaya con su cámara lomo sin ver nada ni a nadie, olvidarme y centrar mi cabeza de nuevo en la historia de victor, a punto de volar hacia stafford y desaparecer para siempre.
las canciones de my little airport, las que cantan en inglés al menos, tienen ese punto de incertidumbre entre ficción y realidad que atrapan y te hacen espectador de una especie de novela autobiográfica de una vida de relaciones rotas e inseguridades juveniles. te convierten en el confidente de sus secretos más íntimos y te dejan con la duda sobre si todo lo que te cuentan es solo fruto de la imaginación de p y nicole o realmente es parte de sus vidas.
y así, aceptando sus reglas, llevo desde que les descubrí en 2004 enganchado a su música, a la de sus discos y a la de los vídeos que cada cierto tiempo van subiendo a su canal de youtube (el último hace solo tres días). y les dejo que se conviertan sin hacer ruido en uno de mis grupos favoritos, y casi en unos amigos más a los que escucharles penas y alegrías.
(la foto, de federico granell, realizada en su viaje a guilin el año pasado, se puede ver en el apartado correspondiente a fotografía de 2010 de su web, cuya obra no nos cansamos de recomendar.)
16/5/11
canciones: victor fly to stafford, my little airport (cap. 6 del diario de eyl)
2/5/11
canciones: calgary 88, antònia font (cap. 5 del diario de eyl)
este nuevo capítulo del diario de estrellas y limones empieza justo donde terminó el anterior, en mi casa sonando modern talking. porque yo recuerdo perfectamente aquella final de patinaje artístico de los juegos olímpicos de calgary en la que españa se llevó el oro y dio una lección al resto del mundo sobre la fuerza del amor. recuerdo que tanto soviéticos como suecos partían siendo los favoritos y como, poco a poco, giro a giro, salto a salto, fueron cambiando las caras de los jueces, público y participantes, que pasaban de la sorpresa a la emoción mientras la pareja española sonreía y se guiñaba el ojo en cada oportunidad en la que sus mirabas se cruzaban, en un ejercicio sublime que jamás se ha vuelto a ver sobre la pista.
por entonces las retransmisiones no tenían el despliegue de ahora, las imágenes no eran las mejores, los planos no eran más que medios o largos y, a veces, descuadrados; pero ahí estábamos tuyyo, tú en tu salita de oviedo y yo en el salón de casa, viendo como, una vez más, triunfaba el amor sobre todas las cosas. ambos felices, con los ojos brillando y el corazón en un puño, observando como la técnica y aparente mayor calidad de los favoritos no era suficiente ante la sincronía de los enamorados, que estaban a punto de pasar a la historia de las olimpiadas mientras le daban el vuelco definitivo a sus propias vidas.
y recuerdo a modern talking sonando por megafonía justo cuando los ganadores del oro se convertían en marido y mujer. mi grupo más odiado poniéndome la piel de gallina y logrando lo que hasta entonces había sido capaz de controlar. no sé si a ti también se te escapó una lágrima con el estribillo de atlantic is calling, pero quiero imaginar que sí. quiero imaginarte sintiendo lo mismo que yo: con solo quince años, a mil kilómetros y veinte años de conocernos, los dos entregados a la victoria, no de españa, sino del amor, en unas olimpiadas que aparentemente jamás existieron excepto en el recuerdo de unos pocos.
porque es realmente extraño acudir a internet y observar como los registros de lo que allí ocurrió marcan la victoria de la unión soviética sobre el resto, ignorando uno de los momentos más felices de nuestras vidas, y haciéndolo todo un poco más aburrido e insulso. pero eso da igual, nosotros ya lo sabíamos y, aunque en el fondo no importaba, ahora antònia font ha terminado de demostrar que aquello que vivimos fue real, que por una vez en la vida la verdad no está ni en youtube ni en wikipedia, sino en las canciones y nuestros corazones. y que igual aquella victoria fue el principio de muchas de las cosas que han ocurrido después, que si en vez de calgary hubiese sido lillehammer, la canción habría sido otra distinta (tuyyo sabemos cuál) y que si ambos supiésemos patinar ese oro habría sido nuestro. y sin anillos, porque para qué.
4/10/09
canciones: you're my heart you're my soul, modern talking (cap.4 del diario de eyl)
me sitúo en una verbena de pueblo junto al camping en el que pasábamos el verano con mis padres y mis tíos. yo con una edad peligrosa, frontera entre la adolescencia y primera juventud, donde se multiplicaban los complejos y cualquier nimio suceso parecía nacido para desencadenar una tragedia personal, y cerca una pequeña pista de baile junto a unos autos de choque vacíos y tristes en los que nadie se monta.
ahí, en ese contexto tan austrohúngaro, me encuentro pegado a una esquina de la improvisada pseudodiscoteca de la feria, simulando cansacio y aburimiento para superar la vergüenza de no saber (o pensar que no sabía) bailar, mientras se enlazan uno tras otros los hits del momento. y entonces, como solo puede ocurrir cuando se tienen trece años y la certeza de que el mundo entero, lo conocido y lo desconocido, van contra uno, empiezan a sonar modern talking.
una situación excesiva, insoportable incluso para quien en ese momento solo escucha los cuarenta, mecano, spandau ballet, duran duran y cualquier hortera canción del verano dictada por las radiofórmulas. pero aceptar como común y disfrutar del ídolo de las adolescentes, los pecos alemanes, con sus pelos cardados, su estética filo-gay, sus falsetes copiados de los bee-gees y sus portadas hiperhorteras que parecían extraidas de esos posters con unicornios para niñas aspirantes a barbie del año era excesivo en cualquier contexto, y especialmente cuando uno acumula todo un catálogo de inseguridades bajo la camiseta del mundial 82, entonces ya pasada de moda y que su madre compró en el mercadillo a un precio irrechazable.
you’re my heart you’re my soul sonaba allí como una broma del gracioso de la clase, como si me hubieran roto las gafas que aún no tenía o como si me hubieran descubierto jugando a las chapas o viendo barrio sésamo. y mis primas me invitaban a bailar y yo me escondía más y más bajo esa montaña de complejos que siempre he llevado a cuestas y que me ha impedido hacer la mayoría de las veces lo que realmente me apetecía.
y ahora, casi veinticinco años después, sigo sin tener claro si me gustan o no modern talking, si esta repentina obsesión por recuperar sus canciones es solo fruto de la nostalgia o de la pérdida de absurdos prejuicios, pero escuchar esta tarde de domingo sus primeros álbumes se ha convertido de golpe en lo más parecido a leer ese diario que solo siendo niña te atreverías a escribir. el diario de todo aquello que pudo haber sido y no fue.
20/9/09
canciones: brigitte, los planetas (cap.3 del diario de eyl)
llevo todo el día haciendo memoria y no logro poner en pie la historia del día en que fran y yo fuimos en el coche de su padre a ver a los planetas y surfin’ bichos en directo. aún no se había publicado super 8, por lo que sería 1992 o 1993, en un pueblo cercano a sevilla, el viso del alcor, que hasta mediados de los noventa tuvo un festival llamado indie-pendientes y por el que pasaron gente como penelope trip, el niño gusano, sr. chinarro y casi todo el indie local de aquel momento.
sí recuerdo claramente cuando tuvimos que parar el coche en la autovía, a la entrada de sevilla, y, para intentar controlar con el oído lo que la intensísima lluvia que caía no nos dejaba ver, darle al stop a la cinta con las canciones de las maquetas de los planetas que yo grababa de radio 3. durante un par de kilómetros el coche no pasó de los 20 o 30 por hora. no se veía nada ni a un metro de distancia y lo mejor era evitar cualquier distracción.
antes, en el camino de ida sonaron brigitte, rey sombra, pegado a ti, mi hermana pequeña y todos los temas que pinchaban incesantemente en diario pop y disco grande. los planetas fueron un pistoletazo de salida para muchos, entre los que me encuentro yo mismo, y un punto de partida a una música que hasta entonces había sido muy minoritaria en nuestro país. aún no tenían casi canciones pero ya empezaban a ser importantes.
por eso, llegar al pueblo, a la plaza del ayuntamiento, y, preguntando a los pocos que se encontraban en un bar cercano, enterarnos de que el concierto se había suspendido por la lluvia fue una gran decepción. iba a ser la primera vez que viéramos a ambos grupos en directo y no pudo ser. a surfin’ bichos sí los tuvimos poco después en sevilla, en uno de los escenarios que dejó la resaca de la expo’92, donde también tuvieron que acortar la actuación por la lluvia, pero no sin aguantar casi todo el concierto empapándose en un escenario sin techar. y a los planetas han sido unas cuantas más, hasta siete y en seis ciudades distintas. pero por culpa de aquella tormenta no puedo decir que yo les ví cuando aún no habían publicado nada (igual sí el medusa ep, no puedo estar seguro) y solo eran un grupo de granada que empezaba a despuntar y me tenía superenganchado con una canción que hablaba, ya entonces, de desamores, rupturas y decepciones, de sueños que solo deberían ser eso.
eran los planetas, la banda que tenía una bajista que siempre tocaba de espaldas y que terminaría convirtiéndose en punta de lanza de algo que aún no sabemos describir. la banda que me empujó a descubrir una música que hasta entonces era casi ajena para mí. la banda a la que he amado y odiado tantas veces que no sé en cual de los dos extremos se encuentra ahora mismo. la banda que publicó una maqueta con brigitte y pegado a ti.
12/9/09
canciones: hasta siempre comandante, carlos puebla y los tradicionales (cap. 2 del diario de eyl)
los viajes de mi padre a madrid, cuando nosotros aún no levantábamos un palmo del suelo, siempre traían como equipaje de vuelta una bolsa llena de gominolas que por entonces no solías encontrar en tiendas o quioscos de sevilla. de todos los tipos y sabores, formas y colores. de esta forma, para mí madrid era solo eso, una enorme fábrica de gominolas. no importaba el motivo por el que mi padre se ausentaba tan habitualmente de lunes a jueves, sino qué nueva sorpresa nos encontraríamos a final de la semana. verle llegar era empezar a sentir el corazón palpitar más y más rápido hasta que, por fin, sacaba la bolsa multicolor de la maleta y todos corríamos tras ella.
pero poco a poco todo termina llegando también a las provincias y un día tuvimos que confesar que aquellos pequeños tesoros ya podíamos conseguirlos en la tienda de al lado. las cocacolas llenas de azúcar ya no eran la envidia del barrio, ni los ladrillos ni las espirales de regaliz. y entonces las ausencias se fueron esparciendo y las vueltas fueron perdiendo emoción hasta que, un día, mi padre ya no marchó más a la capital.
obviamente, el motivo de que se acabaran las noches en el talgo sevilla-madrid no tenía nada que ver con los cientos de modelos diferentes de gominolas ni nada parecido. con el tiempo fui enterándome, aún sin mucha conciencia, de que mi padre era delegado de los trabajadores de tabacalera, primero infiltrado dentro del sindicato amarillo y con su legalización ya por comisiones obreras, y las reuniones sindicales le copaban buena parte del tiempo hasta que decidió desligarse para quedar como simple afiliado.y por eso en nuestra infancia no solo las gominolas abundaban en casa, sino también los discos de paco ibáñez, víctor jara, serrat, carlos cano y tantos otros. como ese de carlos puebla que incluía el hasta siempre comandante que hace un par de años versionase robert wyatt en el fantástico comicopera. discos que me han acompañado desde la infancia y que ahora guardo con cariño junto a otros de david bowie, velvet, solera, vainica y muchos más de aquellos años que he ido consiguiendo yo a destiempo. discos que mis padres no descubrieron entonces, y canciones para seguir dibujando un diario que empezó en 2003 y, de pronto, viaja a los años setenta casi sin darnos cuenta.
6/9/09
canciones: dame estrellas o limones, niza (cap.1 del diario de estrellas y limones)
empezar desde abajo. escapar sin saber como hacerlo y la inercia, ¡oh! la inercia, que casi sin buscarlo nos situaba en una fiesta elefant con entre ríos, camera obscura, les tres bien ensemble, niza y la casa azul. mi vida contada en un diario con más limones que estrellas y las penas de mark spitz aprendiendo a nadar en un vaso vacío. un cúmulo de casualidades que terminaban con una canción encima del escenario que parecía dedicada pero no lo era.
sé que no soy el único que, si quisiera, podría contar toda su vida a través de las canciones que ha escuchado, con esa absurda manía de hacer suyo lo que en realidad no lo es. pero con algunas como esta, o la original de javier e iñaki, parece que la vida me da un poco la razón.
porque si aquel día de milnovecientosnoventaypico elefant no hubiese metido viaje a los sueños polares en su recopilatorio, si eso no llevase a que nos comprásemos cada uno nuestra copia del soplo, si no nos hubiésemos memorizado cada nota de cada canción, cada matiz al cantar de javier, cada detalle de cada letra y cada milímetro de la carpeta, si no le hubiera puesto ese nombre al diario de mi vida, tal vez nada de lo que hoy somos hubiera sido igual.
y por eso, cuando al final de la montaña rusa te encuentras un viernes de septiembre de dosmiltres en barcelona, en el mond club con niza subidos al escenario, y silvia empieza a susurrar aquello de quisiera estar junto a ti, yo, allí solo frente a ellos, aún no sé por qué pero decidí poner a cero el cuentakilómetros de mi vida. y empezar a esperar a que llegase a casa la botella llena de estrellas y limones.